Siguiendo el tratamiento adecuado, el TLP se puede curar. Pero si no se aplica correctamente, puede evolucionar negativamente hacia el consumo de drogas (alcohol, cannabis y estimulantes), la marginalidad por conductas antisociales, la dependencia social de los familiares o, en ocasiones, el suicidio.


En los casos leves en los que el paciente mantiene una vida social y laboral, si se producen cambios positivos en el entorno, puede ocurrir que evolucione espontáneamente.


Generalmente el resultado es positivo aplicando el tratamiento adecuado. Los síntomas tienden a desaparecer y puede tener una recuperación completa gracias a una atención terapeútica intensa y la intervención del hospital de día. Podría recuperar una vida social normal al cabo de uno o dos años. Muchos pacientes presentan aptitudes especiales para las actividades creativas y artísticas y acaban desarrollándose en estas áreas con muy buenos resultados.